El sistema de salud cobró más vidas humanas en México que en la mayoría de países en la región.
Así lo indica la tercera edición del Panorama de la Salud: América Latina y el Caribe que presentaron este martes la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial.
Por cada 100 mil habitantes, hubo 130 muertes por causas tratables en 33 países de América Latina y el Caribe, así como 57 en los 38 miembros de la OCDE, mientras que en México la cifra fue de 135 decesos, superior a Brasil, Argentina, Colombia, Perú y el doble de Chile.
Sobre la mortalidad por causas prevenibles, la región tuvo 167 muertes y los integrantes de la OCDE promediaron 105, en tanto que México registró 176.
El país posee la segunda mayor población y economía en América Latina, pero está en el sitio 13 en cuanto a la esperanza de vida al nacer, con 72.6 años para los hombres y 79 en el caso de las mujeres.
Las principales enfermedades por las que muere una persona en México son cardiopatías, al concentrar 63% de los casos, seguido de las enfermedades cerebrovasculares, 15%.
La organización, que tiene como secretario general al australiano Mathias Cormann, alertó que México, Argentina y Guatemala presentaron las tasas de prevalencia de consumo de tabaco más altas, superiores a 15% entre adolescentes de 13 a 15 años.
Para la OCDE, el reporte de eventos adversos y errores médicos es un indicador clave de una cultura de seguridad, pero solamente hay sistemas de reporte obligatorio en Paraguay, Ecuador, Colombia, Brasil, El Salvador y Haití.
En tanto, México y siete países más tienen un sistema voluntario. La organización hizo énfasis en que la política pública mexicana beneficia a los trabajadores del sector formal, a quienes les da un mejor acceso, con atención de mayor calidad.
El estudio, que compara cifras de 2024, indicó que en México y Perú es voluntario el cumplimiento de la intensidad regulatoria de la acreditación de los médicos, es decir, no hay programa formal. Los recursos y la infraestructura limitados, la resistencia a los cambios en la práctica clínica y la difusión inadecuada son las barreras más comunes para la implementación de las guías de alta calidad.



