Estos tanques que el Pentágono se negaba enviar a Ucrania , son de una gran capacidad de combustible y precisamente por este motivo son más costosos.
Fueron bautizado así, en honor de un comandante de artillería del ejército estadounidense en la II Guerra Mundial, Creighton Abrams.
Este tanque tripulado por cuatro personas entró en servicio en la década de los ochenta, está dotado de un motor de 1.500 caballos y un cañón de 120 milímetros.
Jugó un papel fundamental a la hora de rendir a las fuerzas de Sadam Husein en Irak en 2003, y ha participado también en la guerra en Afganistán. El Pentágono lo describe como un vehículo de “poderío letal, una capacidad de supervivencia sin paralelo y una capacidad de maniobra audaz”.
Al batallón de 31 Abrams le acompañarán vehículos militares M88, que tendrán como misión remolcar y reparar los tanques averiados, según ha precisado Biden en su anuncio.
Los analistas de Estados Unidos y la OTAN consideran que Rusia prepara una importante ofensiva para la primavera, y se está rearmando y reclutando efectivos para ello.
Washington anunció una nueva partida por valor de 2.500 millones de dólares en asistencia para Kiev, que eleva a más de 27.000 millones de dólares su ayuda desde el comienzo de la guerra.
En esa partida figuraban cientos de vehículos blindados, incluidos Bradleys y Strykers, y sistemas Avenger de defensa antiaérea.
La partida de tanques Abrams se tramitará a través de una vía diferente a la de estos equipos, más lenta. En lugar de recurrir al material que ya tiene disponible en los arsenales del Pentágono, el Gobierno estadounidense utilizará un fondo conocido como Iniciativa de Asistencia para la Seguridad de Ucrania, que permite que Washington pueda comprar armamento a las empresas fabricantes.
Ello permite a EEUU ganar tiempo para adiestrar a los soldados ucranianos.




