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31 de Julio de 2026

Cinturón marrón aparece entre África y el Atlántico. Científicos hablan de un aumento de sargazo

Desde hace algunos años, una presencia extraña se extiende por el Atlántico. Vista desde el espacio, dibuja una inmensa franja marrón que conecta África occidental con el Golfo de México. Este fenómeno, casi desconocido hasta hace poco, intriga tanto a científicos como a las comunidades costeras.

En mayo pasado, los satélites revelaron la existencia de 37,5 millones de toneladas de sargazo pelágico, una especie de alga marrón, formando una franja continua entre las costas africanas y el Golfo de México. La llamada Gran Cinta de Sargazo del Atlántico (GCSA) simplemente no existía hace quince años.

Antiguamente confinadas al Mar de los Sargazos —una zona cálida pero pobre en nutrientes—, estas algas flotaban como una curiosidad ecológica. Hoy en día, la idea de “desierto azul” ha quedado totalmente superada: su rango se ha disparado a lo grande.

Un amplio estudio recientemente publicado en Harmful Algae y liderado por un equipo del Harbor Branch Oceanographic Institute de la Florida Atlantic University, analizó cuatro décadas de datos satelitales, muestreos en el terreno y análisis químicos. Los expertos documentan el ascenso espectacular de las sargazos, su rápido crecimiento y el ensanchamiento constante de la cinta.

Desde una primera aparición masiva en 2011, el fenómeno se ha ido acentuando prácticamente cada año (excepto en 2013) y, en 2025, la GCSA alcanzó un récord de 8.850 kilómetros de largo, más del doble del ancho de los Estados Unidos continentales

El sargazo está reconocido por la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) de EE. UU. como hábitat esencial para más de un centenar de especies —peces, invertebrados, tortugas marinas— y desempeña un papel clave en el ecosistema oceánico. Pero cuando llega en exceso, se convierte en amenaza: al descomponerse en las playas, libera sulfuro de hidrógeno tóxico, sofoca la arena, crea zonas muertas, daña arrecifes de coral y representa un lastre económico considerable para las economías locales.

Ante esta proliferación, los científicos piden vigilancia internacional, mejores modelos predictivos y una reducción sostenible de la escorrentía de nutrientes hacia el océano. Porque la eutrofización —el enriquecimiento de los ecosistemas con nutrientes— ya no es solo un problema costero: ahora está moldeando todo el océano. Y la Gran Cinta de Sargazo podría ser solo el primer signo de una alteración global.