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23 de Junio de 2026

Las ciudades anfitrionas de la Copa del Mundo están experimentando un calor más extremo que cuando albergaron el torneo por última vez

Un nuevo análisis de Climate Central  examinó cuánto más se han calentado estas ciudades sede desde las últimas ocasiones en que Norteamérica organizó el torneo, en 1970 (México), 1986 (México) y 1994 (Estados Unidos), comparando la frecuencia de los días extremadamente calurosos durante junio y julio.

A medida que el campeonato ha crecido, también lo ha hecho otro fenómeno global: El aumento de las temperaturas. El calor extremo afecta cada vez más el desarrollo de los partidos, lo que ha llevado a pausas para hidratación.

En promedio, estos días de calor extremo se han triplicado en las ciudades que vuelven a ser sede. Tanto Miami como Ciudad de México registran ahora cinco veces más días extremadamente calurosos en junio y julio que durante sus anteriores años como anfitrionas. En la década de 1980 promediaban apenas dos días extremos, mientras que en la década más reciente la cifra se acerca a 12. En ambas ciudades, más del 90% de esos días extremadamente calurosos fueron añadidos por el cambio climático.

El estudio de Climate Central también concluyó que 14 de los 16 estadios que albergan la Copa del Mundo de este verano registran ahora más días extremadamente calurosos en junio y julio que en 1970. Incluso en ciudades sede con climas más frescos, como Boston y Vancouver, el cambio climático ha inclinado la balanza, añadiendo al menos cuatro días extremadamente calurosos adicionales durante junio y julio en la última década.

Por eso las medidas de preparación frente al calor deben ir más allá de las botellas de agua. La preparación ante el calor extremo debe tratarse de la misma manera que las medidas adoptadas frente a huracanes más intensos o al aumento del nivel del mar. Incluso, se ha explorado el uso de materiales de construcción más ecológicos, eficientes y con menor retención de calor como alternativa al concreto. Sin embargo, el calor extremo no es la única amenaza. Las ciudades anfitrionas ubicadas en la costa también son vulnerables al aumento del nivel del mar.

Mientras el hemisferio norte se sofoca durante el verano, el hemisferio sur se enfría con la llegada del invierno. Para mantener el calendario de junio y julio, los torneos podrían necesitar aprovechar los climas invernales más frescos al sur del ecuador. Además, los veranos en el hemisferio sur suelen ser más moderados y menos extremos. El hemisferio norte posee una mayor masa terrestre, que se calienta más rápido que las extensas y profundas superficies oceánicas del hemisferio sur.

Para garantizar que los partidos puedan seguir disputándose en cualquier país y en cualquiera de los dos hemisferios en el futuro, la planificación debe comenzar ahora.