Las Noticias Online

28 de Julio de 2026

Inesperadamente, se retira de los ruedos ‘Morante de la Puebla’

En la madrileña Monumental Plaza de Las Ventas, se celebró la tradicional Corrida de la Hispanidad, último festejo de la feria de Otoño. Con cartel de “no hay billetes”(unos 23.000 espectadores) en tarde agradable y con algunas rachas de viento. Con seis toros de Garcigrande, muy bien presentados, con seriedad y finas hechuras. Para Morante de la Puebla, Fernando Robleño y Sergio Rodríguez, de blanco y oro, que confirmaba la alternativa.

Pero más allá del cartel, la nota del día la dio el matador sevillano José Antonio ‘Morante de La Puebla’, quien ha anunciado de forma inesperada que se retira tras cortarle las dos orejas al cuarto toro en Madrid, a tres décadas después de tomar la alternativa. Torero clásico y completo, -domina también el tercio de banderillas-, es gran conocedor de todos los resortes de la tauromaquia y está considerado como el sucesor de Curro Romero.

Y de manera totalmente inesperada, aunque barruntada, Morante de la Puebla dijo hoy adiós al toreo tras cortarle las dos orejas, con una entrega total, a su segundo toro de la Corrida de la Hispanidad, en la que también se retiró, éste sí con anuncio previo, el madrileño Fernando Robleño, que, con un solo trofeo, no pudo acompañar al sevillano por la Puerta Grande en una tarde para la historia.

Tarde de locura. Después de actuar y ser testigo de la intensa y elocuente mañana protagonizada por Curro Vázquez y César Rincón en el festival homenaje a Antoñete que él mismo organizó. En la tarde, Morante hizo otro guiño al legendario torero madrileño vistiendo el habitual vestido malva y oro que éste utilizaba.

En un par de faenas apoteósicas desarrolló la mejor esencia de la tauromaquia posible, en donde el sevillano se entregó sin reservas. Porque tuvo que machetear pronto con su reservado y parado primero, de 615 kilos, mismo que brindó a Isabel Díaz Ayuso. Y en el cuarto salió a darlo todo con el que, solo él podía saberlo, iba a ser el último toro de su carrera.

Fue faena concisa, sin accesorios vanos, y tuvo, como colofón perfecto, el redondo punto final de una estocada de magistral y perfecta ejecución y no menos verdad. Cayeron, pues, las dos orejas, y después de pasearlas en una pausada vuelta al ruedo, Morante se fue a los medios para desprenderse él mismo de añadido, en un momento aún más impresionante, inesperado y demoledor.

Una masa de cientos de jóvenes se echó al ruedo luego para sacarle a hombros en un despliegue de apasionamiento, mientras que, también en volandas, Fernando Robleño se iba por la puerta de cuadrillas, con la plaza dividida en las ovaciones. No pudo irse así el madrileño hacia la calle de Alcalá porque un pinchazo previo a la estocada, su punto flaco de siempre, evitó que también se le concedieran los dos trofeos del quinto.