Psyche no es una roca ordinaria. Los científicos creen que es el núcleo metálico de un planetesimal, uno de los ladrillos que formaron los planetas hace miles de millones de años. Alguna colisión violenta le arrancó su manto rocoso, dejando al descubierto sus entrañas de hierro y níquel.
Su valor económico estimado supera los varios quintillones de dólares en metales preciosos como oro y platino. Sin embargo, la NASA no irá a extraerlos. La misión es puramente científica: estudiar este mundo único permitirá asomarse al interior de planetas rocosos como la Tierra, algo que jamás podríamos hacer perforando nuestra propia corteza.
Durante el sobrevuelo del 15 de mayo, la nave Psyche utilizó la gravedad de Marte para cambiar su trayectoria sin gastar una gota de combustible. El resultado fue un aumento de velocidad de 1.600 kilómetros por hora y una modificación de casi un grado en su plano orbital respecto al Sol.
El equipo de vuelo verificó la maniobra mediante señales de radio de la Red del Espacio Profundo (DSN). Todo salió según lo planeado. Ahora, la sonda se dirige directamente al cinturón principal de asteroides.
Durante los días previos y posteriores al acercamiento, todos los instrumentos de la nave estuvieron encendidos: cámaras, magnetómetros y espectrómetros. El objetivo era calibrarlos de cara a la llegada al asteroide Psyche, prevista para agosto de 2029.
Además, la nave capturó imágenes únicas de Marte. Al aproximarse desde un ángulo de fase elevado, el planeta se veía como una delgada medialuna brillante, iluminada por la luz solar reflejada en su atmósfera polvorienta.



