Ante la incógnita de que el T-MEC podría ver su fin y los amagos de Donald Trump, México y Canadá ya trabajan en un “plan B” para blindar su relación económica frente a un eventual cambio en la dinámica comercial de América del Norte.
Durante este año, empresarios de ambos países realizarán distintas misiones comerciales. Las delegaciones canadienses visitarán Guadalajara y Monterrey, y revisarán sectores estratégicos como puertos industriales, maquila y minería, incluidos los minerales críticos, que forman parte de la disputa geopolítica entre China y Estados Unidos.
El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, confirmó que se desarrolla un plan de acción que será presentado en el segundo semestre del año por la presidenta Claudia Sheinbaum y el primer ministro Mark Carney. El objetivo es capitalizar una relación que en los últimos 30 años, desde el TLCAN hasta el actual T-MEC, ha crecido en comercio, inversión y cadenas productivas.
Para analistas internacionales existe la posibilidad de que el T-MEC derive en un esquema de acuerdos bilaterales en lugar de mantenerse como un pacto entre tres países. Esto implicaría negociar por separado con Estados Unidos y Canadá, fragmentando el bloque y alterando las reglas de origen, los flujos de inversión y las cadenas de suministro.
Y aunque de acuerdo con el Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología (Comce), el T-MEC regula más de 1.5 billones de dólares en comercio anual entre los tres países, existe una probabilidad de 25% de que Trump decida que Estados Unidos abandone el T-MEC con el objetivo de renegociar acuerdos bilaterales independientes, uno con México y otro con Canadá. Además, el tema de los minerales críticos podría convertirse en el argumento para justificar esa salida.



